Ramificaciones 

 
En nuestro propio cuerpo abundan estructuras fractales. El sistema circulatorio está constituido por un sinfín de ramificaciones tubulares, que van desde el tamaño de las arterias y venas principales, a los capilares ínfimos que oxigenan y arrastran los residuos a nivel celular. En este sistema se alcanzan hasta 30 niveles de ramificación. Para conseguir que ninguna célula quede sin suministro ni limpieza y además diversas partes de nuestro cuerpo estén conectados por caminos relativamente cortos, nuestro sistema circulatorio es capaz de empaquetar en el volumen de una persona, un sistema de cañerías, cuya longitud, si pudiéramos colocar en línea recta todos los vasos sanguíneos, daría la vuelta al globo terráqueo siete veces. ¡Y lo hace ocupando tan sólo un 3% del volumen total de nuestro cuerpo! Algo semejante podemos decir de sistemas como el nervioso, los conductos biliares o el sistema linfático. En el caso de nuestros intestinos, los repliegues a distintas escalas, permiten que la superficie de absorción se incremente espectacularmente con respecto a una superficie homóloga lisa. 

El sistema de ramificación de nuestros pulmones es relativamente fácil de modelizar. Nuestra tráquea sufre una primera división en dos tubos, los bronquios; que a su vez se subdividen cada uno en dos bronquiolos y así sucesivamente, hasta llegar al nivel de los alveolos. De nuevo, la efectividad en un proceso de absorción (en este caso, la captación de oxígeno y eliminación de dióxido de carbono  por parte de los hematíes) se consigue mediante el empaquetamiento por ramificación de una superficie alveolar equivalente a la superficie de una pista de tenis en el interior de los dos pulmones de una persona. La medida de dimensión fractal para nuestro sistema respiratorio es aproximadamente 2,7. Un valor que se mantiene sin mucha dispersión para individuos normales. La arquitectura de los pulmones ha sido diseñada por la evolución. Los modelos teóricos tienen en cuenta muchos factores: minimización de la superficie y volumen laminal total, la energía necesaria para mover a un fluido a través del sistema o la presión sobre las paredes. Cuando son tenidos en cuenta todos estos factores, el coste energético parece minimizarse para valores de ángulos de ramificación entre 40 y 50 grados. Los datos morfométricos muestran semejantes valores para los pulmones. La naturaleza es sabia. 

Cuando intentamos generar modelos fractales de un río, una nube o un copo de nieve, hemos de encontrar las fuerzas esenciales que actúan a varias escalas para modelar esas estructuras en el mundo físico. En el caso de los organismos vivos, existe un código genético que, en conjunción con las restricciones impuestas por las leyes físicas, establece la forma de los mismos. Llamamos morfogénesis a la ciencia que intenta esclarecer cómo ocurre esto. Después de generar fractales con Fractint hemos comprobado como generar complejidad desde la iteración es enormemente sencillo.  Es mucho más económico archivar la fórmula de iteración y desplegarla cuando queramos generar el fractal, que guardar la imagen misma. Nuestro genoma consta de alrededor de 30.000 genes. Supuestamente son los responsables de la disposición de un millón de capilares tan sólo en el corazón y de la posición de 1011 neuronas en nuestro cerebro. No parece descabellado pensar que en el genoma se guardan las reglas de generación y no las disposiciones concretas con todos sus detalles. 

Hemos comentado como la forma fractal consigue optimización en la función de nuestros pulmones o sistema circulatorio. La naturaleza está llena de consideraciones semejantes. Por ejemplo, la ramificación en los árboles no es arbitraria. Las hojas de los árboles captan la luz solar para efectuar la fotosíntesis, proceso indispensable para mantener vivo al organismo. Para optimizar energéticamente este proceso de absorción, el árbol emplea la ramificación. La relación entre el tronco y las ramas de una árbol tampoco es arbitraria. 

Ya  Leonardo Da Vinci observó que la suma del área de las secciones de todas las ramas de un árbol a una determinada altura, se mantiene constante en todo el árbol. El paso de la savia, los nutrientes, desde las raíces ( también ramificadas para proporcionar optimización en absorción y estabilidad) hasta las hojas debe mantenerse a un flujo constante independientemente de las ramificaciones. Esto se consigue siguiendo la ley antedicha de las secciones. Si pensamos en un proceso de ramificación binaria, podemos expresar el resultado anterior con la ecuación:
 
fp = a  (f1 + f2 

donde fp indica el valor del diámetro de la rama principal y f1, f2 indican los diámetros de las dos ramas que surgen. El parámetro  a  fue estimado por Da Vinci con valor 2 para los árboles. En la generación de fractales ramificados a  ha demostrado ser el parámetro crítico. Por ejemplo, a=2.7 nos permite modelizar el sistema circulatorio con realismo y para el caso del pulmonar se consiguen buenos modelos al tomar a=3. 
  
La dimensión fractal en estos casos se convierte en un indicador de complejidad en la organización, la capacidad para ocupar espacio o almacenar información.

 
 Redes ramificadas de transporte en biología. Un artículo on-line del Santa Fe Institute: 
 
 
 
La fractalidad no solo se encuentra en las formas fisiológicas, sino en la dinámica de muchos procesos. Aquí tienes una gráfica de latidos de un corazón. Visita la página: 
 
En este caso la medida es autosimilar porque el patrón de pequeñas fluctuaciones a pequeños tiempos se repite para las grandes fluctuaciones sobre largos tiempos.
 
 
 
Artículos de Luis Amaral sobre dinámica de latidos cardíacos: 
 
 
 
Los caminos de termitas, patrones ramificados: